Ya estoy por aquí chiquitines, la espera por fin llegó a su fin y aquí me tenéis de nuevo. Cada viernes me tendréis por aquí con un poquito más de mí, con un pedacito de mi corazón. Nos leemos.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Todo cambia.

El tiempo pasa y hace mella en todos nosotros. Las cosas cambian, las personas se van y el tiempo se acaba. Todo va dictado por el tiempo. Nuestro tiempo. El que gira alrededor de nosotros. Se supone que el tiempo todo lo soluciona. También se supone que con el tiempo sanan todas las heridas incluso las que no se ven, las del corazón. Aunque yo, personalmente, lo pongo en duda. El tiempo muchas veces también es el causante de esas heridas, muchas veces es el culpable de nuestro sufrimiento. Es el causante de que todo cambie. Y si las cosas van genial y cambian sólo pueden ir a peor. Y eso duele. Duele tanto que sangra. Y ese sufrimiento es él que tengo ahora mismo. De un momento a otro todo cambió. Mi mundo de color de rosa se volvió gris. Las tardes maravillosas que pasaba junto a él se volvieron soledad. El dulce sabor de sus labios fue sustituido por el amargo café. Las sonrisas que él me sacaba ahora son lágrimas. Y todo esto porque el tiempo pasa cuando queremos que se pare, hace que las cosas cambien cuando todo va perfecto y hace que las personas se alejen de nuestro lado cuando más las necesitamos.

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