Ya estoy por aquí chiquitines, la espera por fin llegó a su fin y aquí me tenéis de nuevo. Cada viernes me tendréis por aquí con un poquito más de mí, con un pedacito de mi corazón. Nos leemos.

jueves, 19 de febrero de 2015

¿Qué es el amor?

Mientras ella lo colmaba
de caricias y de besos
y él la sostenía entre sus brazos:
-¿Qué es el amor?
-dijo él.
A lo que ella, contestó:
-El amor puede ser
varias cosas;
una montaña rusa que tan pronto
como sube, cae.
En el amor
puedes rozar las estrellas
y al siguiente segundo
estar rozando el suelo;
el amor puede ser el mismo cielo
pues si todo va bien
-que eso es lo raro-
puede ser todo un paraiso;
pero, mismamente
el amor puede ser el infierno
pues bien puedes amar
pero a la vez que ese amor
que tú procesas
no sea, correspondido.
En conclusión,
el amor es un mundo,
por descubrir.
Uno distinto
por cada persona.
Para unos
el amor es maravilloso,
pero, para otros
el amor es, lo peor que les ha pasado.
-respondió ella a su pregunta.
-¿Y para ti,
qué es el amor?-le replicó
temiendo por su respuesta.
-El amor, el amor para mí
es un dulce bocado que saboreo
siempre que estoy a tu lado.
Para mí, el amor
es lo que siento por ti.
-le replicó ella regalándole un
dulce beso en los labios.

Te sigo pensando.

Te sigo pensando,
aún lo hago.
No debería de hacerlo,
mi deber sería, olvidarte,
pero si lo hago
todo el trabajo de mi corazón
habría sido en vano.

Te sigo pensando,
pero debo olvidarte
aunque duela, debería hacerlo.

Te sigo pensando,
pues aún te quiero
quizás no tanto como al principio
-todos los principios son bonitos-
pero todavía
ese maldito sentimiento reside en mí
y por lo menos se quedará
algún tiempo más.

Te sigo pensando,
aunque te odio.
Sí, te odio,
pues el daño
que me estás infligiendo
por no tenerte
está penetrando en mi alma,
y duele.

jueves, 12 de febrero de 2015

Otra carta más.

Van pasando los días. Poco a poco. Cada vez esto es más duro. La vida es demasiado puta, pero aquí estoy. Aún sigo por estos lares y la verdad es que no sé el motivo, supongo que hay algo (o alguien) que me ata a esta insufrible vida.
Sí, insufrible vida, porque tú no estás. No estás aquí a mi lado y eso duele. ¿Sabes? Te necesito cerca, tan cerca como puedas pero eso es imposible. Al menos físicamente. Tú lo quisiste así...y aunque me cuesta creerlo debo aceptarlo.
Se va acercando el día de San Valentín, ese catorce, que a mí me gusta llamarlo día sin ti... porque, joder, ya van a hacer seis jodidos meses sin tu risa, sin tus ganas de vivir (pero solo a ratos), sin tus llamadas...sin nada de ti salvo tu recuerdo, mis lágrimas y mi corazón hecho añicos. Me dejaste destrozada y sin ti, que no sé que es peor. Estar destrozada jode pero al fin y al cabo te acostumbras o lo superas o yo que sé pero...estar sin ti, eso sí que es jodido porque da igual que haga, que piense o como actue, me duele y va  seguir doliendo. Solo podría verte, sentirte, tocarte (de nuevo o por primera vez) solo si el dios Hares lo permite. Aunque no creo que lo permita. Tendría que dejarme bajar a su infierno y eso no es nada sencillo. Pero el maravilloso Cupido me obliga a ello. Clavó en mi una jodida flecha de amor que aún sangra. Y duele. Porque da igual que sea de Cupido, al fin y al cabo, sigue siendo una flecha. Un arma que destruye, que mata, que duele. Y aún sigue clavada. Tanto en ti como en mí pero la única diferencia que existe es que yo, viva, si siento el dolor que ella produce pero tú, muerto, ya no sientes nada. Al menos eso es lo que pienso o lo que quiero creer pues sé que ya has sufrido demasiado en este mundo. Debiste de sufrir demasiado como para querer marcharte y de echo lo hiciste. Dejándome aquí, sola y sin ti. Por eso quiero pensar que estás bien, que tu sufrimiento se acabó en ese justo momento en el que dejaste esta vida material porque sino es así, ¿de qué sirve ser fuerte o pensar que donde sea que estés estás bien? No me serviría de nada...
Y sin darme cuenta, he acabado escribiéndote otra carta más. Sin darme cuenta lo hago, me sale solo pero es que de alguna manera tengo que sacar todo este dolor que tengo dentro, justo en el lado izquierdo del pecho se encuentra todo mi dolor, porque sino... acabaría matándome yo también. Aunque ahora, con esto me voy muriendo un poquito con cada carta, cada escrito, cada verso que te escribo. 
Te sigo echando de menos, incluso más que la última vez que te escribí una carta de estas que jamás podrás leer, L.