Ya estoy por aquí chiquitines, la espera por fin llegó a su fin y aquí me tenéis de nuevo. Cada viernes me tendréis por aquí con un poquito más de mí, con un pedacito de mi corazón. Nos leemos.

viernes, 1 de julio de 2016

Te escribo

Te escribo esto,
a destiempo y a deshoras
pensando en todo el tiempo
que me gustaría pasar a tu lado
pero ni siquiera puedo definirlo.
Me pasaría toda la vida,
mortal e inmortal,
toda la eternidad
o incluso tres, cuatro...
Las que hagan falta
y te aseguro, mi vida,
que nunca,
nunca me cansaría de ti.

Te escribo esto,
anhelándote y anhelando
tus abrazos,
tus caricias,
tus besos,
tu sonrisa,
tus "te quiero"...
Y mucho más.

Te escribo esto,
mientras mi cuerpo se muere,
poco a poco,
por ser rozado por ti,
de nuevo.
Mi piel añora el tacto
de la tuya
y echo de menos
que tus dedos recorran cada centímetro
de
mi
piel
desnuda.

Te escribo esto,
mientras echo de menos
estar agarrada a tu mano
o simplemente,
estar entre tus brazos
y es que allí
en tus brazos,
es donde más segura me siento
y también,
mi lugar favorito del mundo.

Te escribo esto,
mientras echo de menos
los días a ti lado
u también las noches
-sobre todo las noches-
donde todo eran risas
y sonrisas en silencio.

Te escribo esto,
mientras echo de menos
poder escuchar tu corazón 
mientras te abrazo
o mientras estoy recostada en tu pecho.
Y es que eso,
escuchar tu corazón,
lo echo muchísimo de menos
al que echo mucho de menos
ponerme de puntillas
para poder alcanzar
el néctar de tus labios
a la hora de fundirnos
en un beso.

Te escribo esto,
mientras echo de menos
poder mirarte directamente a los ojos.
Esos maravillosos ojos
del mismo color de las hojas,
en otoño,
cuando se caen.
Y es que echo de menos
esa maravillosa mirada
esa, que me vuelve loca
con la que me dices "te quiero"
con solo mirarme.

Te escribo esto,
mientras echo de menos
tus besos con lengua.
Tus besos...
Tu lengua...
Y es que echo de menos
los buenos días con besos,
los besos por sorpresa
-o por cualquier otra cosa-,
los besos en el cuello,
en la mejilla,
en la mano
o en cualquier lugar,
los besos más apasionados,
los más dulces,
los más niños,
e incluso,
los besos con mordida
cuando me querías
-te quería-
quitar el labio
y, a veces,
lo conseguías
-lo conseguía-.

Te escribo esto,
estando lejos...,
te escribo.